Ernesto Acher


    Fotode Ernesto Acher en Chile    Nací en Buenos Aires, el 9 de octubre de 1939, en el barrio de Colegiales.
   Mi escuela primaria fue el Buenos Aires English High School , fundado por Alexander Watson Hutton, el introductor del fútbol en Argentina, y además sede de Alumni, el primer club de fútbol.
   El colegio secundario fue el Nº 8 “Julio A. Roca”, que tenía en aquel tiempo la rara cualidad de ser muy bueno desde el punto de vista de la enseñanza y uno de los colegios más traviesos de Buenos Aires.
   Comencé a estudiar piano con mi tía Chola, según me cuentan a los tres años y con grandes esperanzas de que fuera un “niño prodigio”, cosa que nunca se concretó excepto para mi mamá, que siguió creyendo hasta el final de sus días que yo era un prodigio y también un niño.
   Escuché mucha música desde chiquito pero el envión fue al descubrir el jazz, más o menos a los doce años. Dejé de lado el piano, empecé a tocar clarinete en grupos de jazz tradicional y a hacerme una buena discoteca.
   A la vuelta de los años, sobre el final del colegio secundario, volví al piano y comencé a escuchar música clásica con mucha frecuencia y placer. En 1958 ingresé en arquitectura y si bien no salí muy arquitecto, disfruté y disfruto hasta el día de hoy de una formación académica que no sé si hubiera tenido en otro lado. Y además fueron maravillosos años de descubrimientos, compincherías y juergas inolvidables.
   En esos años también tuve la fortuna de ser alumno de Erwin Leuchter, músico y sabio, quien en el poco tiempo que lo disfruté me enseñó las cosas esenciales de la música dándome los fundamentos necesarios para que pudiera seguir mi propio camino.
   Me gradué y trabajé como arquitecto durante seis años hasta que un día resolví que tenía que ser fiel a mí mismo, o mejor dicho fiel a mi viejo amor, la música, que por otra parte en mi historia nunca estuvo separada del humor: los conciertos en broma en mi casa en los años ‘60 y ‘61 todavía son recordados por quienes participaron.
   Las vueltas de la vida me llevaron a entrar a Les Luthiers en marzo de 1971, cuando el grupo trabajaba en café-concert y comenzaba a ser conocido en los ambientes musicales.
   Es cierto que en aquel tiempo era posible, pero el grupo tuvo suficiente sabiduría e inteligencia como para crecer de a poco y sin urgencia, y creo que eso permitió por un lado un desarrollo artístico muy consistente y por otro lado un arraigo muy profundo en el público.
   La historia del grupo es suficientemente conocida como para abundar en detalles.
   En 1986 y después de casi tres difíciles años me alejé del grupo buscando recuperar tanto mi salud espiritual como mi compromiso con la creatividad.
   A principios de 1988 y en medio de intenso estudio y búsquedas, formé La Banda Elástica con amigos de juventud para darnos el gusto de hacer toda la música que se nos ocurriera, teniendo siempre como centro la alegría de tocar. Fueron pocos años pero muy intensos, llenos de placer y satisfacciones.
   En 1993, otra vez en el camino, comencé a abrir nuevas puertas: presentaciones unipersonales, radio, dirección orquestal, composición y arreglos, tocar de tanto en tanto, alternar música y humor y también mezclarlas, y en ese calidoscopio me sigo moviendo muy a gusto. Algunos hitos fueron y son memorables para mí: "Juntos en concierto" (Banda Elástica y Camerata Bariloche), "Veladas espeluznantes", "Gershwin, el hombre que amamos", "Los animales de la música".
   En el 2001 viví un año en la provincia de Córdoba y luego emigré a Chile, en donde fui muy bien recibido y en donde, además de hacer amigos muy queridos, sigo abriendo nuevas puertas que me permiten seguir en la música, el humor y la creatividad.

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